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MIEDO AL COVID-19 SENTENCIA A MADRES CANCUNENSES

Por Alicia Villavicencio.-  Los dolores de parto de Mary iniciaron el día 19 al mediodía, de inmediato fue a la clínica del Seguro Social en donde le dijeron que fuera a su casa, siendo el primer parto sería un tramo largo por recorrer, con unos dolores mucho más fuertes regresó a la clínica, en donde le informaron que era hora de acudir a la clínica de la 510.

La clínica de la región 510 es la reconocida como zona cero de los casos de Covid19 que se atienden en Cancún, quizá por ello, al llegar le anunciaron que todos los partos estaban siendo canalizados al Hospital de Ginecopediatría en la Avenida López Portillo y Kabah.

Al llegar al Hospital a las 6 de la tarde, se dio cuenta de que no era la única paciente, todas las embarazadas a punto de dar a luz estaban ahí discutiendo su ingreso, la recepcionista y la supervisora que solo escuchó nombrar como García, les informaron que a ellas el Seguro de la 510 no les informó que canalizarían a las pacientes a la López Portillo y mientras eso no sucediera no tenían por qué atenderlas, que regresaran a la 510.

Luego de grandes discusiones y gritos, finalmente aceptaron atenderlas, para lo que Mary tuvo que esperar tres horas para una revisión luego de la cual le dijeron: váyase a su casa, apenas tiene 3 de dilatación y si se reciben tienen que ser con mucho más.

Al salir vió familiares y mujeres que desesperadas caminaban fuera de la puerta de cristal esperando ser atendidas porque adentro, resguardados, el personal médico tenía miedo de ser contagiados si alguna de ellas portaba el virus que ha desatado la pandemia.


Mary fue a su casa, ya eran las diez de la noche, como le sugirieron tomó un baño de agua caliente, caminó dentro del departamento y regresó de nuevo al sentir que los dolores eran insoportables y que el tapón que anuncia la próxima llegada del recién nacido se había desprendido.

Con su madre y su hermana llegó de nuevo a la clínica a las 12:30 de la noche, ahí la recepcionista y la supervisora continuaban actuando con la misma dureza contra las embarazadas y familias que esperaban en esa entrada de Urgencias, la indicación era la misma: espérense a que se rompa la fuente y afuera, en círculos, los lamentos de las mujeres crecían con su dolor de parto.


En la calle, una mujer joven gritaba del dolor, se sentaba en la banqueta, le ayudaban a levantarse, volvía a sentarse, el dolor era insoportable, la alarma de todas las mujeres embarazadas llegó cuando vieron que había roto la fuente y el agua caía sobre el pavimento y es que a pesar de tener 8 de dilatación le habían dicho que esperara afuera.

Las mujeres, olvidando un poco sus propios dolores presionaron para que la joven fuera atendida y por fin la dejaron ingresar, el miedo se apoderó de todas, sabían cual era su destino en las siguientes horas.

Mary se acercó de nuevo, los dolores eran terribles y ya llevaba más de 36 horas con la misma dilatación y sin el tapón y sentada en la calle temía por la seguridad del bebé, así que suplicó que le atendieran, rogó a la recepcionista hasta que la enfermera Nelly, de muy mala gana, a las tres de la mañana, aceptó que pasara a ver al doctor

El Dr. Jorge Carballo la atendió, le dijo que a pesar de haberse desprendido el tapón habría que esperar a que se diera la dilatación total y que le pondría un medicamento para ayudarle, así que la inyectaron, el problema vino cuarenta minutos después, cuando notó que ya no tenía ninguna contracción, no sabía si le habían administrado un potente analgésico o habían detenido el parto, pero ante su alarma le pidió a la enfermera que le permitiera hablar de nuevo con el doctor para suplicarle que le hiciera una cesárea porque temía por la vida del bebé.


Eternos fueron los minutos hasta que apareció el doctor y le dijo que el parto no avanzaba y que no le harían cesárea, entonces Mary desesperada quiso salir, necesitaba hablar con alguien más, con su familia, con otro doctor, solo podía hacerlo si se daba de alta voluntaria, le había costado mucho entrar ahí, pero más le preocupaba que ya no estuviera en labor de parto, afuera, los gritos de las mujeres de dolor e indignación continuaban.

Su familia no estaba, habían ido a la camioneta a descansar un poco, ella pensó que estarían en su casa, no le dejaron entrar con un celular, así que esperó media hora y luego, al ver la situación de peligro en la que estaban las demás mujeres regresó con la supervisora García y le pidió perdón por salirse, le suplicó que hablara con el doctor para convencerlo de realizar la cesárea porque no sentía los movimientos del bebé.

La recepcionista y la supervisora le dijeron que ella ya no tenía cabida en ese hospital, que tenían ese papel de alta firmado por ella y que eso las amparaba de cualquier cosa que le sucediera, que lo mejor que podía hacer era ir a buscar atención a otro lado. Su madre y hermana entraron en ese momento para preguntar por ella, al verla llorando desconsolada, suplicando a la recepcionista y la negativa de ésta, le dijeron que era momento de tomar una decisión para salvaguardar su vida.

Fue así como, a pesar de haber perdido su trabajo y sin recursos, llegaron a la clínica privada cercana al Hospital, ahí de inmediato contactaron al Ginecólogo de urgencias quien acudió a la clínica a practicar la cesárea, al nacer la niña, tenía sus brazos y sus piernas moradas, recuerda Mary, quien, al tener anestesia raquídea estaba consciente cuando ella emitió el primer leve gemido, fue entonces que Mary rompió en llanto, dos días amargos que pudieron tener un desenlace fatal por el miedo de las enfermeras y los doctores a contagiarse de Covid19, miedo a morir y en ese miedo, sentenciando a las madres y sus bebés a morir sin ser portadores de la pandemia.


Ahora viene la segunda parte que ella y otras muchas madres tendrán que enfrentar, sin trabajo, sin recursos, conseguir dinero suficiente para pagar la atención médica que en el Seguro Social les negaron.

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